• Alexandra Carrera

"Cuando mueren los apegos, nace la libertad"

Comúnmente hablando, se dice de la persona desapegada como aquella que se muestra fría, distante e incluso que rechaza el contacto estrecho con a su familia o amigos, o de quien muestra poco afecto, cariño o interés hacia sus seres queridos. Sin embargo, el desapego, en el campo del desarrollo personal, va mucho más allá, y tiene otro significado que hoy me gustaría compartir contigo.


Las personas tendemos a aferrarnos a aquello que nos da seguridad, a lo que sentimos que podemos controlar y que da cierta estabilidad a nuestras vidas. Buscamos lo familiar, lo conocido porque es lo que hemos normalizado y cómo hemos aprendido a vivir, a ser vistos, a sentirnos amados, en definitiva, cómo hemos integrado que funciona el mundo a través de muchos mecanismos subconscientes desde muy pequeños.


Aunque somos seres evolutivos y el proceso de cambio es natural, no buscamos el cambio de forma consciente, sino que a menudo el cambio nos encuentra o despierta a la fuerza y sin previo aviso, cuando no tenemos más opción que aceptar, soltar y afrontar nuevos escenarios y formas de ver, vivir y entender el mundo, recordándonos cuando más cómodos estamos que todo está en continua transformación.


Según el psicólogo Walter Riso, el apego es un vínculo obsesivo con un objeto, idea o persona que se fundamenta en cuatro creencias falsas: que es permanente, que te va a hacer feliz, que te va a dar seguridad total y que dará sentido a tu vida. Cuando tienes un vínculo de este tipo no estás preparado para la pérdida y no aceptas el desprendimiento.


¿A qué nos apegamos?


Sentimos apego hacia a lo material, a un trabajo estable, una casa, una situación, a nuestro estatus, a un rol determinado. Nos apegamos a personas y relaciones, a amistades, a nuestra familia, a nuestros hij@s, a una pareja o amores platónicos. Nos apegamos a emociones, ideas y creencias. Las causas del apego se encuentran en el miedo y la inseguridad que nos llevan a sentir que necesitamos ese algo o alguien en nuestra vida para ser felices, para funcionar y seguir adelante. Esa sensación de necesidad, ante cualquier cosa, persona, sentimiento o situación nos impide vivir y disfrutar del presente, nos esclaviza y nos limita, causándonos un gran sufrimiento.


Para Riso, cualquier necesidad es potencialmente susceptible de convertirse en un apego. Incluso necesidades primarias como comer o tomar agua. “Te das cuenta de ello cuando no puedes controlarlo y empiezas a ver que nos hace mucha falta; cuando la necesidad se convierte en algo imprescindible y no eres capaz de decir: si lo tengo bien, y si no, también”.


Cuando puedo disfrutar de todo lo que me aporta la vida, sin apegarme al resultado, sin el miedo y la ansiedad constantes de perderlo, encuentro la paz y empiezo a disfrutarlo de verdad.

¿Y por qué nos apegamos?

Por miedos, inseguridades y desconocimiento de uno mismo.

  • Porque no nos conocemos, y al desconectarnos de nuestro interior, desconocemos nuestro valor y nos sentimos en carencia, lo cual nos lleva a buscar fuera el qué o quien llene esa sensación de vacío. Y ahí, en un proceso a menudo inconsciente, empezamos a poner nuestro bienestar en manos de otros, nos hacemos pequeños y reforzamos el mensaje de que no valemos suficiente por nosotros mismos, de que valemos menos, perdemos valor, importancia o reconocimiento sin aquello que creemos necesitar.

  • Porque perseguimos la seguridad, nos cuesta confiar, en nosotros, en la vida, tememos a la verdadera libertad, a encontrarnos con la tan mal valorada “soledad”, a encontrarnos con nosotros mismos. Estamos demasiado acostumbrados a la máscara y a los roles adquiridos e implica un profundo trabajo personal deshacerse de ellos.

  • Porque la incertidumbre, lo desconocido y la falta de control nos asustan y nos paralizan. Tememos vernos ante cambios y nuevos escenarios y no ser capaces de salir adelante, no cumplir con nuestras propias exigencias y expectativas, no tener todas las respuestas.

Practicar el desapego no implica tener que soltar, renunciar o dejar ir aquello que nos hace sentir bien y aporta bienestar. Desapego, a mi entender, es saber establecer vínculos y relaciones sanas desde un equilibrio, desde el respeto, el amor y la libertad. Libertad de poder ser quien soy, de mostrarme, de compartir, de dar y saber recibir sin forzar, condicionar o exigir para mantener a ese algo o alguien en mi vida.


Cuando puedo disfrutar de todo lo que me aporta la vida, sin apegarme al resultado, sin el miedo y la ansiedad constantes de perderlo, encuentro la paz y empiezo a disfrutarlo de verdad, a dar lo mejor de mi y puedo elegir desde la libertad y no desde la necesidad o la dependencia, sabiendo cuando quiero verdaderamente quedarme y cuando debo soltar.


Por ello, si queremos sentirnos más libres emocionalmente y sufrir menos, es importante que pongamos en práctica el desapego. Te dejo algunas ideas que espero que te sean útiles en el proceso:

  • Hazte preguntas sobre tus deseos y tus necesidades. Por ejemplo. ¿puedes expresarte y ser tú en las diferentes áreas de tu vida? ¿en qué situaciones las emociones se apoderan de ti? ¿y aceptas que los demás sean ellos mismos? ¿Qué te están aportando esta situación, esta relación? ¿te resultan útiles o inútiles en tu vida? ¿te sirven o te dañan? ¿reflejan tus valores? ¿te aportan bienestar, te permiten respetarte, en qué lugar quedas tú cuando deseas lo que deseas? Observa qué patrones y situaciones de apego y dependencia se repiten en tu vida, y qué tienen en común las unas con las otras.

  • Hazte responsable de ti, no pongas en los demás la responsabilidad de tu propia felicidad. Somos seres libres y capaces, mucho más capaces de lo que creemos, responsables de crear la vida y el destino que queremos y merecemos. Deja a un lado la necesidad de validación externa y busca las respuestas dentro de ti. Toma conciencia de tus acciones, decisiones, pensamientos, de lo que estás creando en tu vida, porque tú eres el únic@ responsable de las decisiones de tu vida.

  • Sana, perdona y suelta el pasado para poder vivir el presente. No te quedes anclado en el pasado, deja de centrarte en lo que ocurrió y libérate de esa carga que no te deja avanzar. Comprende, acepta, perdona, perdónate y sana tus heridas. Reconoce lo aprendido y reescribe tu historia, para poder volver al aquí y el ahora, enfocando toda tu atención y tu energía en vivir tu presente.

  • Asume que el dolor y la pérdida son inevitables y acepta la realidad tal y como es. Acepta que hay cosas que no puedes cambiar y céntrate en todo aquello que sí depende de ti. Lo que fue no pudo ser de otra manera, las pérdidas van a suceder tarde o temprano, las relaciones, las cosas, los vínculos se transforman y evolucionan con el tiempo, hay personas que siempre estarán, otras compartirán una parte de tu viaje y dejaran huella, otras se irán para siempre, todas te enseñaran cosas importantes, porque nada ni nadie pasa por causalidad. Acepta que esto es parte de la vida y que, aunque duela y no puedas evitarlo, sabrás surfearlo y gestionarlo cuando llegue de la mejor forma posible.

  • Permítete sentir tus emociones, todo lo que ha sido y es importante en nuestra vida, todo lo que nos ha llegado a tocar de verdad, nos mueve y tiene un duelo.

  • Escúchate, reconoce qué quieres para ti y enfócate en lo que tú necesitas. Siempre te tendrás a ti mism@, por ello, es importante mantener una fuerte conexión contigo y no perderte en expectativas ajenas. Aprende a darte la comprensión, el apoyo y el respeto que necesitas, a escucharte de verdad y estar ahí para ti. Cuanto más nos conocemos, mayor claridad, discernimiento y libertad sentimos, disipando poco a poco todo miedo, culpa e inseguridad.

  • Valora lo que tienes y agradece lo vivido y lo aprendido, lee más allá de lo aparente y reflexiona sobre qué te ha aportado cada experiencia y relación, qué hizo por ti, como te ayudó, qué papel jugó en tu vida. Y déjalo ir con gratitud.

  • Confía en ti, en lo que mereces y en todo lo que aún puedes crear en tu vida a partir de hoy. Recuerda que siempre tienes el poder de elegir.

Trabajar el desapego no es nada fácil, y no existe una fórmula mágica, pero es la única forma de liberarnos del sufrimiento y empezar a disfrutar y valorar todo lo que la vida nos ofrece sin miedo.


Y tú, ¿Cómo te llevas con el desapego?


Si te ha gustado este post, y si tienes otras formas de trabajar el desapego que puedan servir a otros, no dudes en compartir! Me encantará leerte y aprender de tu experiencia ;)


Y, si sientes que es el momento de trabajar en ti, quieres ganar autoconocimiento, claridad y confianza para poder crear la transformación que deseas ver en tu vida, te invito a reservar una primera sesión conmigo, totalmente gratuita y sin compromiso, escribiendo al mail info@alexandracarreracoach.com.


Te envío un fuerte abrazo,

Alexandra



#libertad #libertademocional #desapego #autoconocimiento #aceptación #conciencia #responsabilidadpersonal #impermanencia #gestiondelcambio #transformacionpersonal #lifecoach #lifecoaching #coachingbarcelona #apuestaporti #creeentI

10 vistas0 comentarios

Entradas Recientes

Ver todo

©2021 by Alexandra Carrera